Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Estaba tan segura de que el agresor había sido el apache como si en realidad hubiera presenciado lo sucedido. Probablemente, Logan no había visto a su atacante; pero si se tenía en cuenta que no tenía ningún otro enemigo, ¿no sería correcto suponer que se habría encontrado con él?
Lucinda pasó unas horas llenas de angustia y ansiedad hasta que Llagan regresó, un poco más tarde del anochecer.
Después de este incidente, Lucinda observó que Logan llevaba siempre consigo el rifle dondequiera que fuese, aun cuando solamente se dirigiese al cobertizo para ordeñar las vacas. Logan se hizo silencioso, sombrío, vigilante y aparecía siempre preocupado. Lucinda no se atrevió a manifestarle el temor que por él experimentaba. A pesar de todo, tenía una gran confianza en su esposo. Lagar, había sido escucha y explorador en los tiempos de persecución de los apaches, hacía varios años; era leñador y cazador; estaba advertido del peligro, y en consecuencia, respondía con extremada precaución.
Pasaron los días lánguidos, calurosos y llenos de neblina. Las hojas de los árboles comenzaron a tender una alfombra parda y dorada sobre el suelo. Nuevamente brillaron los purpúreos ásteres a lo largo de la senda que seguía el curso del arroyo. El viento se lamentó de la proximidad del invierno. El sol se inclinó más hacia el Sur.