Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —Lo es. Pero eso es bueno, Lucinda, porque de este modo saldrá Logan del pantano en que se halla... Recomiendo a usted que lleve dos carros totalmente cargados. Yo le prestaré uno de ellos y contrataré un conductor, compraré las herramientas necesarias y me encargaré de empaquetarlas y cargarlas. Es fácil calcular la cantidad de provisiones que habrá que comprar. Y los dos juntos, usted y yo, uniremos nuestros esfuerzos para prever las necesidades de la cabaña y de ustedes, las mujeres... No se preocupe, Lucinda. Todo se resolverá bien. Lo importante es que obremos con rapidez.
Una sola vez desfalleció Lucinda. Y fue cuando al regresar a su casa halló a Bárbara y Logan en el saloncito mientras él pequeño Abe se arrastraba, desnudo y sucio, por el suelo. Logan estaba intentando nuevamente arrancar de Bárbara alguna respuesta coherente. Y Bárbara estaba encogida en una silla; sus grandes ojos eran las ventanas de su alma ensombrecida. Lucinda experimentó un terrible dolor en el corazón al verlos.