Blancanieves
Blancanieves Érase una vez en pleno invierno, cuando los copos de nieve caían del cielo como plumas, que una reina estaba sentada cosiendo junto a una ventana con un marco de ébano. Y como estando así cosiendo levantara la vista hacia la nieve, se pinchó con la aguja en el dedo y tres gotas de sangre cayeron en ella. Y como el rojo se veía tan bello sobre la blanca nieve pensó: «Si tuviese una niña tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera de este marco…». Al poco tiempo tuvo una hija que era tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tenía los cabellos tan negros como el ébano, y por eso la llamaron Blancanieves. Y nada más nacer la niña, murió la reina.
Pasado un año el rey tomó otra esposa. Era una mujer hermosa, pero orgullosa y arrogante, y no podía soportar que alguien la superase en belleza. Tenía un espejo mágico y, cuando se situaba frente a él y se miraba, decía:
—Espejito, espejito de la pared,
la más hermosa de todo el reino,
¿quién es?
A lo que el espejo respondía:
—Mi reina y señora,
en el reino vos sois la más hermosa.
Entonces se quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía la verdad.
