Blancanieves
Blancanieves —¡Ay, querido cazador, déjame vivir, me adentraré en el bosque y no regresaré jamás!
Y como era tan hermosa, el cazador se compadeció de ella y dijo:
—Entonces echa a correr, pobre criatura.
«Las fieras salvajes pronto te comerán», pensó y, con todo, sintió como si un gran peso se le hubiera quitado de encima al no tener que matarla. Y como justo en ese momento pasara por allà un cachorro de jabalÃ, le clavó el cuchillo, le sacó el pulmón y el hÃgado y se los llevó a la reina como prueba. El cocinero tuvo que cocerlos con sal y la pérfida mujer se los comió creyendo que se habÃa comido el pulmón y el hÃgado de Blancanieves.
