Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Ninguna población se avistaba.
De pronto me di cuenta de que habíamos llegado. Cerca ya, vimos la gran apariencia oscura de unas casas, y el callejón se ensanchó como un río que llega a la laguna.
Goyo, don Segundo y Valerio, iban a rondar según oí decir. [102]
Estábamos en los locales de una feria, a orillas de un pueblo.
Cerca de las tropillas desenfrené mi petizo y le voltié el recado.
Bajo un cobertizo de cinc tiré mis pilchas al suelo y me les dejé caer encima, como cae un pedazo de barro de una rueda de carreta.
Un rebencazo casi insensible me cayó sobre las paletas.
-¡Hacete duro, muchacho!