Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Como si hubiera entendido, el petizo quedó tranquilo hasta que mi padrino estuvo a mi lado. [107]
Don Segundo alzó el rebenque. El petizo levantó la cabeza y echó a correr sin intentar más defensa. Alrededor de la playa dimos una gran vuelta. Poco a poco me fui envalentonando y acodillé al petizo buscando la bellaqueada. Dos o tres corcovos largos respondieron a mi invitación; los resistí sin apelar al recurso indicado.
-Ya está manso -dije.
-No lo busqués -contestó simplemente don Segundo, a quien mi maniobra no había escapado. Y colocándose alternativamente a uno y otro lado, me llevó hasta el lugar en que los demás troperos estaban desayunándose, con unos mates, a orilla del camino.
Nos recibieron con gritos y aplausos.
Hinchado de orgullo como un pavo, rematé mi trabajo tironeando al petizo según las órdenes de mi padrino:
-Aura pa la izquierda... Aura pa la derecha... Aura de firme no más, hasta que recule.
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