Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra »La vieja lo tomó al llorón de la mano y se lo llevó a un aposento del fondo'e la casa. En el aposento habÃa un almario, grande como un rancho, y de allà sacó la misia un arco de los que supieron usar los indios, unas cuantas flecha'envenenadas y un frasco con un agua blanca.
«-Y ¿qué vi a hacer yo, pobre disgraciao, con estas tres nadas -dijo Dolores- contra las muy muchas brujerÃas que dejuro tendrá Mandinga?
«-Algo hay que esperar en la gracia de [152] Dios -le contestó la viejita. Y dejame que te diga cómo has de hacer, porque denó va siendo tarde:
»Estas cosas que te he dao te las llevás y, esta mesma noche, te vas pa'l rÃo de suerte que naides te vea. Allà vah'a encontrar un bote; te meteh'en él y remás pa'l medio del agua.
Cuando sintás que hah'entrao en un remanse, levantás los remos. El remolino te va hacer dar unas güeltas, pa largarte en una corriente que tira en dirición de las islas del encanto.