Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra En su pensamiento de matón no creÃa poder más, como gesto de gratitud, que el ofrecer asà su vida o la de otro.
-Aura deme la mano.
-¡Cómo no! -concedió don Segundo, con la misma impasibilidad con que hoy aceptaba el reto-. Ahà tiene, amigo.
Y sin más ceremonia se fue por el callejón, dejando allà al hombre que parecÃa como luchar con una idea demasiado grande y clara para él.
Al lado de don Segundo, que mantenÃa su redomón al tranco, iba yo caminando a grandes pasos.
-¿Lo conocés a este mozo? -me preguntó terciando el poncho con amplio ademán de holgura.
-SÃ, señor. Lo conozco mucho.
-Parece medio pavote ¿no? [35]