Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Ahí quedó, sin darse cuenta siquiera que [360] el sueño lo había agarrado a traición, en el suelo, donde tal vez a pesar del golpe, sintió que aflojar el cuerpo y no querer más nada es algo maravilloso.
Los demás mateamos un poco. Teníamos por delante la seguridad de una noche tranquila y eso nos volvía alegres y dicharacheros.
Dimos agua a nuestros caballos, los bañamos, arreglamos nuestras prendas de trabajo, injiriendo un lazo aquel a quién se le había cortado, cosiendo éste un maneador, el otro acomodando sus bastos o un bozal. Y esperamos con calma que se nos fuera acercando la noche, poco a poco, como una cosa grande y mansa en la que nos íbamos a ir suavecito, de costillas, como un río que va gozando su carrerita de olvido y comodidad. [361]
Nos levantamos medio tarde, a la salida del sol. Demetrio había dormido doce horas, nosotros ocho. Era suficiente para desentumirnos y, aunque nos enderezáramos con gran disgusto del cuerpo, nos hallábamos, después de matear, listos para otra patriada.