Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Volviéndose hacia mí, Valerio ordenó con autoridad:
-A ver pues, muchacho, traite un mate y cebale a don Segundo.
-¿Este?
-No. Ese es de Gualberto que'es medio mañero. Agarrá aquel otro sobre la mesa.
Encantado puse una pava al fuego, activé las brazas y llené el poronguito en la yerbera.
-¿Dulce o amargo?
-Como caiga.
-Dulce, entonces.
-Güeno.
Arrimé un banco para mí y, mientras el agua empezaba a hacer gorgoritos, contemplé a don Segundo con cierto resentimiento, por no haber sido en su saludo un poco menos distraído. [51]