Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra Como nadie hablaba, me atreví a preguntarle:
-¿No me reconoce?
Don Segundo me miró sin dignarse hacer un esfuerzo para darme gusto.
-Yo jui -agregué- el que le espantó el redomón ayer noche en las quintas del pueblo.
Lejos de la exclamación que esperaba, mi hombre se puso a observarme con atención, como si algo curioso había esperado encontrar en mi semblante.
-La lengua -dijo- parece que la tenés pelada.
Comprendí y se me encendió la cara. Don Segundo temía una indiscreción y prefería no conocerme. Un rato largo quedamos en silencio, y el diálogo interrumpido entre el forastero y el domador volvió a arrastrarse lentamente.
-¿Son muchas las yeguas?
-No, señor. Son ocho no más, son.