Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra -Güeno.
Sin moverme, dejé pasar la tropa. Los novillos caminaban con pausa y sin cansancio.
[82] Unos pocos balaban, mirando hacia la estancia. De vez en cuando, una cornada producía un hueco de algunos metros que volvía a rellenarse, y la marcha seguía pausada, sin cansancio. Al enfrentarme, las bestias hacían una curva a distancia, observándome desconfiadamente. Muchos se detenían, las narices levantadas, olfateando con curiosidad.
Absorto en el movimiento de las paletas fuertes y el cabeceo rítmico, esperé a los troperos. El sol matinal, pegando de soslayo en aquellos cuerpos, dorábales el perfil de un trazo angosto y las sombras se estiraban sobre el campo, en desmesurada parodia.
Pronto me vi envuelto en un asalto de bromas.
-'Stan muy amontonaos pa contarlos -reía Pedro Barrales.
-No, si está eligiendo la res pa ponerle el lazo -contestábale Horacio.