Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos estaban conmovidos: en sus pálidos semblantes se podÃa ver la emoción que los dominaba, emoción que se extendÃa hasta los mismos escrutadores y suplentes, que no atendÃan su cometido por observar las variantes de aquellas provocaciones mudas, que tendrÃan que terminar en un duelo a muerte, fatal para uno u otro.
Por fin el acto electoral comenzó y los paisanos fueron acercándose uno a uno a la mesa del comicio, depositando cada uno su voto maquinalmente, y montando de nuevo a caballo para confundirse en las filas de donde habÃan salido.
Media hora hacÃa apenas que la elección habÃa comenzado, cuando Leguizamón, picando su caballo, se acercó a la mesa y dando en ella un golpe con su rebenque dijo que se estaba haciendo una trampa contra su partido y que él no estaba dispuesto a tolerarla.
Y al decir estas palabras Leguizamón no miraba a los escrutadores a quienes iban dirigidas sino a Moreira para quien envolvÃan una provocación que éste no quiso entender, permaneciendo tranquilo.
Las palabras de Leguizamón conmovieron los ánimos tan poderosamente, que ninguna de aquellas personas mandó al gaucho guardar silencio.