Juan Moreira
Juan Moreira Moreira cobró gran cariño al doctor Alsina, de quien fue la sombra inseparable durante mucho tiempo, y este hombre, que sabía valorar a los que le rodeaban, apreció el espíritu de aquel paisano, a quien trató no como a un bravo que arma su brazo según el salario que ha de recibir, sino como a un compañero que había venido a compartir con él la fatiga y el peligro.
El doctor Alsina solía penetrar hasta el corazón del paisano, haciéndole responder a ciertos toques, porque le hablaba en lenguaje sencillo y noble, en ese único lenguaje que, dirigido al corazón del gaucho, hace de este hombre un niño dócil a quien se puede manejar hasta con la expresión de la mirada.
No hay nada más fácil de conquistar que el cariño del gaucho, cariño que llega a convertirse en una especie de religión invencible.
Para esto basta sólo comprender su corazón, lleno de nobles das, y hablarle el lenguaje del cariño, que sus oídos no están habituados a escuchar.
El paisano, lleno de inteligencia, comprende que aquél es un hombre superior que desciende hasta él y se le nivela como un igual, y empieza por inclinarse a aquel hombre a quien llama un buen criollo y concluye por amarlo con toda la potencia de su espíritu tan accesible al cariño.