Juan Moreira
Juan Moreira Moreira llegó a asimilarse de tal modo al doctor Alsina, que se habÃa convertido en la sombra de su cuerpo y en el eco de su pisada.
De dÃa, no lo abandonaba un momento; de noche, tendÃa su recado en el patio, a la puerta del aposento del niño y dormitaba allà velándole el sueño.
Cuando el peligro pasó, cuando la situación de Buenos Aires quedó en estado normal, ya los servicios de Moreira fueron innecesarios y el paisano quiso volver a su pago a atender sus intereses abandonados tanto tiempo y juntar sus animalitos, que andarÃan dispersos por los campos vecinos.
El doctor Alsina hizo todo género de ofertas a Moreira para que se quedara en el pueblo a trabajar y conservarlo asà a su lado, pero todo fue inútil.
El paisano se sofocaba en la ciudad y necesitaba volver a los trabajos de campo, donde lo llamaban su inclinación y sus hábitos.
Viendo que todo esfuerzo serÃa inútil, el doctor Alsina le proporcionó un pasaje y lo despidió, dándole una suma de dinero en agradecimiento de sus servicios.
A la vista del dinero Moreira palideció y una lágrima, arrancada por el sentimiento, fue a perderse trémula y silenciosa entre la naciente barba.