Juan Moreira
Juan Moreira El doctor Alsina, comprendiendo lo que pasaba por aquel espÃritu noble, retiró con presteza el dinero, al mismo tiempo que el paisano decÃa con acento conmovido:
—No me ofenda, patrón; si yo lo he servido ha sido porque en ello he tenido gusto, y no merezco esa oferta, porque me hace doler el corazón.
El doctor Alsina, profundamente impresionado por este rasgo de nobleza, tendió primero su mano al paisano, y lo estrechó después entre sus brazos.
El paisano se enterneció lleno de orgullo al sentir Ãntimamente la presión de aquel abrazo, levantó la hermosa cabeza iluminada por la emoción que saltaba a sus ojos magnÃficos y se separó del doctor Alsina diciéndole:
—Si alguna vez me cree útil, si mi cuerpo puede servirle alguna vez de defensa, mándeme avisar nomás, patrón, que yo vendré aunque sea del fin del mundo; disponga de mi vida sin embozo, porque desde hoy soy cautivo de sus prendas.
El paisano se alejó rápidamente y el doctor Alsina quedó meditando en la nobleza de esta raza desheredada de todo derecho, cuyo único porvenir es el puñal y los atrios electorales o los cuerpos de lÃnea al eterno servicio de las fronteras.