Juan Moreira
Juan Moreira Fue entonces que el doctor Alsina compró el caballo más magnÃfico que halló en Buenos Aires y lo envió a Moreira con una lujosa daga.
Era el famoso overo bayo que llegó a ser el crédito y el orgullo del paisano, y la daga que tan terriblemente esgrimÃa.
Aquel caballo representaba para él su seguridad personal y el recuerdo de aquel hombre por quien se hubiera hecho matar cien veces sin escrúpulo ni pesar.
Asà dividÃa su afecto entre el caballo y el perro, sus leales amigos, que eran el recuerdo de lo que más habÃa amado en el mundo, exceptuando dos personas a quienes tal vez no verÃa más.
Por eso, cuando salÃa de sus tristes meditaciones, se le veÃa prodigar sus cariños a aquellos dos animales que lo conocÃan hasta en el ruido de la pisada.
Durante un mes no se oyó hablar una palabra de Moreira, referente a desorden o pelea a mano armada.
Desde la muerte de Leguizamón, su tremenda reputación de hombre guapo habÃa crecido de una manera imponderable.
No habÃa un solo paisano que se hubiera atrevido a faltarle al respeto.