Juan Moreira
Juan Moreira Pero yo habré nacido con algún signo fatal, porque la suerte se me dio vuelta y de repente me vi perseguido al extremo de tener que pelear para defender mi cabeza.
Y Moreira narró a Marañón con sus más minuciosos detalles la historia que hemos diseñado a grandes rasgos.
Marañón escuchaba enternecido el relato de tanta desventura, estaba agradecido a aquel hombre que le salvara la vida y tentó salvarlo arrancándolo del precipicio a cuyo fondo rodaba sin remedio por una sucesión de fatalidades inevitables para el que se coloca en esa pendiente.
El joven meditó un momento, y queriendo aprovechar el enternecimiento de aquel hombre de tan hermosas prendas de corazón, le golpeó el hombro y le dijo cariñosamente:
—¿Por qué no sale usted de Buenos Aires? Yo le proporcionaré trabajo en Santa Fe o en Córdoba, donde puede usted vivir tranquilo y ser feliz todavía. Allí tengo muchos amigos para quienes le daré cartas, y al fin de los años ya podrá usted volver. Se habrán olvidado de sus desgracias y podrá volver a ser lo que ha sido.