Juan Moreira

Juan Moreira

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Yo no he de irme de estos pagos —replicó el paisano, creciendo en amargura—, porque no pienso separarme de mi mujer ni de mi hijo; porque faltando yo, la justicia se ha de alzar con ellos haciéndoles pagar mis yerros.

—Yo les proporcionaré los medios de irse con usted, y entonces usted puede quedarse allí para siempre, viendo crecer a su hijo a su lado y amado por su mujer.

—Conozco que usted me habla al alma y veo que he puesto bien mi cariño en usted, pero por más que me halaga la propuesta yo no la puedo aceptar sin saber antes qué ha sido de aquellas dos prendas mías y si tengo que vengarlas de alguien. Los pobres tienen olor a difuntos; es preciso darles con el pie para que no apesten, y sabe Dios lo que habrá sido de aquellos desgraciados, cuyo único delito en la vida ha sido ser mi mujer y ser mi hijo.

—¡Quiera Dios que no les haya sucedido nada! —prosiguió, tomando un tono altivo y amenazador—. ¡Quiera Dios que no los hayan hecho sufrir un minuto! Yo no soy malo, pero conozco que si alguien les hubiera tocado el pelo de la ropa, sería capaz de hacer una herejía que ni los indios.

Y al decir esto, sus ojos brillaron en un relámpago de muerte, dando a su actitud una expresión que hacía ver todo lo irrevocable de aquella determinación adoptada y jurada en el fondo de su alma.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker