Juan Moreira
Juan Moreira —No se amilane, amigo —respondió uno de los paisanos—, es bueno que de cuando en cuando el hombre deseche penas y no se deje ganar por el dolor.
Y tanto le rogaron al gaucho, y tanto lo instaron, que Moreira tomó la guitarra, haciendo oÃr un preludio donde rebosaba toda la melancolÃa de su espÃritu.
Un gran aplauso saludó la decisión de Moreira, y los paisanos se prepararon a escuchar con un recogimiento profundo, haciendo llenar de nuevo las copas.
Moreira estuvo por espacio de diez minutos recorriendo el diapasón de la guitarra en vagos preludios y acordes inconscientes.
Por fin aquellos preludios se fueron fundiendo, aquellos acordes se fueron armonizando, y la guitarra rompió en uno de esos estilos tristes y profundamente melancólicos que el gaucho toca con una extrema ternura.
Moreira tocaba el estiloconmovido; habÃa agobiado la cabeza a impulsos de la pena que le roÃa el alma, y meditaba profundamente.
Por fin levantó la cabeza soberbia, mostrando el rostro magnÃfico al que salÃan todas sus penas, entornó los ojos como reconcentrándolos en un punto de su pensamiento, y lanzó al aire su voz potente y melodiosa, con las siguientes décimas que nos ha recitado un compañero que las aprendió, con quien hablamos en Navarro.