Juan Moreira
Juan Moreira Era una glosa de aquella magnÃfica cuarteta del Quijote: «Ven, muerte, tan escondida», que el paisano improvisaba o que, habiéndola aprendido en sus buenos tiempos, aplicaba a su situación, dándole relieve artÃstico con el sentimiento que rebosaba en su voz.
He aquà las décimas en que ese sentimiento se derramó suavemente:
Presa el alma del dolor,
con el corazón marchito,
soy como el árbol maldito
que no da fruta ni flor.
Muerte, ven a mi clamor,
que en ti mi esperanza anida;
ven, acaba con mi vida,
ven en silencio profundo;
como mi dolor al mundo,
ven, muerte, tan escondida.
Esta décima arrancó al auditorio las muestras del más patético entusiasmo. Moreira siguió preludiando el estilo largo tiempo y cantó la segunda décima:
Quizá el mundo en su embriaguez,
sin conocer mi martirio,
tenga mi afán por delirio
hijo de la insensatez.
Y al ver mi ardiente avidez
por acabar de existir,
los que estiman el vivir