Juan Moreira
Juan Moreira Moreira, a instancias de los paisanos, se vio obligado a relatar su duelo con Leguizamón, con todas las peripecias que lo precedieron, lo que hizo con la mayor sencillez y humildad.
—Dios sabe —concluyó Moreira— que nunca he peleado, sino cuando a ello me han forzado sin dejarme salida, y aseguro que aquella muerte me pesa, porque dicen que el finado era una persona de prendas y con familia, y que si peleó conmigo fue porque lo mandaron y no porque conmigo hubiese tenido jamás ningún resentimiento, puesto que no me conocÃa.
—Asà es el mundo —retrucó Córdoba desde la pipa adonde habÃa vuelto a sentarse—; el hombre es como la mariposa que da vueltas alrededor del candil, tanto hace y tanto porfÃa que al fin viene a caer entre el sebo y queda frita. Y asà sucede que un hombre que se tenga por más guapo, viene a veces a morir a manos de un mulita.
Moreira comprendió que aquel hombre volvÃa a provocarlo, pero se hizo el desentendido y siguió con los paisanos de esta manera:
—Si yo no me he quitado la vida muchas veces no ha sido de asco a la muerte, sino porque me necesitan mi mujer y mi hijo, que no sé la suerte que han corrido y lo que les espera.