Juan Moreira
Juan Moreira Pero la acción de Córdoba, la clase de injuria, le había trastornado la razón momentáneamente y había dado aquel golpe mortal casualmente, sin calcularlo, sin quererlo.
Así caminó toda la noche y toda la mañana siguiente, sin sacar a su caballo del tranco y sin levantar la cabeza para mirar siquiera el camino.
A la siesta se acercó a una pulpería del camino, donde pidió pasto para el caballo y carne para el Cacique, alejándose luego a media legua de distancia, donde hizo alto para dar de comer a los dos animales, y reposar un par de horas, tendido entre ellos, sobre su manta.
Allí permaneció hasta eso de las tres de la tarde, hora en que se levantó, acomodó el freno al overo, subió al Cacique en ancas y siguió la marcha.
Serían como las once de la noche cuando Moreira llegó a Cañuelas; paró donde tenía algunas relaciones y donde vivía un hermano del amigo Julián, de quien iba en busca.
Anduvo algunas cuadras por el pueblo, cuyos habitantes estaban entregados al reposo, y volviendo el caballo a la derecha, fue a golpear la frágil puerta de un rancho humilde, que era donde habitaba Santiago, hermano de Julián, con su mujer y su cuñado, paisanito de unos dieciocho años, a quien Moreira había visto criar.