Juan Moreira
Juan Moreira A los golpes de Moreira, sonó una voz soñolienta y áspera en el interior del rancho, que preguntaba el clásico e inolvidable «¿quién es?».
En aquellos tiempos y a aquellas horas, no era cosa tan fácil hacer abrir una puerta sin darse a conocer inmediatamente, pues no era extraño que al abrir la puerta el dueño de la casa se encontrara con una daga o un trabuco puesto al pecho.
—Abra, amigo don Santiago, que soy yo el que llega —dijo Moreira echando pie a tierra y bajando la rienda del caballo.
El paisano a quien éste se dirigÃa, conoció su voz en el acto, pues se le sintió gritar con el tono de la mayor alegrÃa y alborozo:
—¡El amigo Juan Moreira! ¡Dichosos los vientos que lo traen por aquà aparcero! Aguarde un momento que le voy a abrir. —Y Moreira sintió el ruido de los talones del buen gaucho, que se habÃa tirado de la cama y corrÃa hacia la puerta, que abrió inmediatamente.
Aquellos dos hombres se lanzaron uno en brazos de otro, con una efusión de hermanos que no se han visto en mucho tiempo.
—Bien haiga el motivo que lo trae, amigazo, que aquà han llegado sus mentas y ya decÃan que lo habÃan dijunteado.