Juan Moreira
Juan Moreira Y el paisano miraba a Moreira a la escasa claridad de la noche, prodigándole toda clase de cariños y dando voces a su mujer para que se levantase viera quién estaba.
—He venido corrido por la suerte —respondió melancólicamente Moreira—, y para pedirle un servicio que sólo usted me puede hacer.
—Conozco sus desventuras por Julián, que ha estado aquà —respondió Santiago, cambiando su actitud alegre por una tristeza verdadera—. Julián me ha contado todas sus penas y lo hemos compadecido con el cariño que le profesamos todos. Pero entre, amigazo, entre, y asà hablaremos con más comodidad.
Moreira ató su caballo al tronco de un paraÃso que era el palenque de Santiago, y entró al rancho, donde encontró a Marta, la mujer de éste, que lo recibió con la misma alegrÃa que le demostró a la entrada el buen paisano.
Allà se sentaron los dos amigos, y mientras Marta preparaba el mate tradicional, Moreira reveló a Santiago el objeto que lo traÃa a su rancho.