Juan Moreira
Juan Moreira SerÃan las cuatro de la mañana cuando Moreira saltó como movido por un resorte y apareció en una actitud amenazadora, teniendo en sus manos amartillados los trabucos.
El Cacique habÃa ladrado de una manera especial, que para el gaucho significaba la presencia del enemigo.
Moreira recogió la manta, se acercó al overo y tendió por el horizonte su vista de lince, mientras el cuzquito seguÃa toreando cada vez más hostilmente.
Allá en el horizonte, confundiéndose con las últimas sombras de la noche, se veÃa un polvo sólo perceptible para la vista del gaucho, polvo que significaba para él la presencia de varios jinetes.
El cuzquito habÃa cumplido su misión policial dando aviso del peligro, y se habÃa sentado frente al amo, a quien miraba en la cara con esa expresión inteligente y picaresca del perro que pretende interrogar lo que pasa y lo que se pretende de él.
Moreira estaba siempre atento, con la mirada fija en el polvo y el entrecejo fruncido por la incertidumbre.
QuerÃa saber el significado de aquella nubecita de tierra.
El polvo se fue aproximando, los bultos que lo levantaban se fueron definiendo cada vez más, el paisano pudo contar once caballos, de los cuales sólo dos traÃan jinetes.