Juan Moreira
Juan Moreira La frente sombrÃa de Moreira se despejó entonces, una suprema alegrÃa se pintó en la sonrisa de su boca y volvió a arrojar la manta, sentándose sobre ella y poniendo en la cintura los dos brillantes trabucos de bronce de que se habÃa armado al pararse.
Aquella tranquilidad súbita y aquella Ãntima alegrÃa nacÃan de que el paisano habÃa adivinado en aquellos dos jinetes a Julián y Santiago, que estaban ya a una legua del rancho.
Unos diez minutos después se apeaban al lado de Moreira, riendo de alegrÃa, Santiago y el amigo Julián, que habÃan venido de un solo galope.
Es imposible pintar con palabras la emoción de Julián y Moreira al hallarse frente a frente.
Aquellos dos hombres valientes, con un corazón endurecido al azote de la suerte, se abrazaron estrechamente; una lágrima se vio titilar en sus entornados párpados y se besaron en la boca como dos amantes, sellando con aquel beso apasionado la amistad leal y sincera que se habÃan profesado desde pequeños.
Asà permanecieron largo rato mirándose al rostro y transmitiéndose con la mirada todo el mundo de cariño que la palabra no habÃa podido expresar, mientras Santiago, enternecido con aquella escena, se ocupaba en desensillar y arreglar los caballos para disimular su emoción.