Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos se separaron por fin, se estrecharon la mano con la efusión del primer momento y se sentaron sobre la manta sin apartar la mirada el uno del otro.
Santiago, entretanto, hacÃa levantar a su gente, mientras preparaban unas leñitas para que se fuese calentando el agua y echar un centenar de mates.
Moreira y Julián hablaban Ãntimamente: para Julián no habÃa secretos y Moreira volcaba en aquel espÃritu inocente el mar de penas en que se ahogaba, tirada el uno del otro.
Julián oÃa tristemente la relación de todas aquellas patéticas desventuras y podÃa leerse en su rostro el efecto tristÃsimo que hacÃa en él la relación.
Moreira relató por fin la muerte de Córdoba y dijo a Julián el objeto que lo habÃa traÃdo a Cañuelas.
—Necesito saber de ellos, amigo Julián —concluyó amargamente—; quiero saber qué suerte han corrido y he contado con usted, porque es el hombre más gaucho que he conocido en mi vida.
—Iré, amigo Moreira, iré y le traeré noticias fieles, aunque las tenga que ir a buscar al fin del mundo. Voy a descansar un poquito, porque el galope va a ser largo, y asà que caiga la tarde apretaré la cincha al ruano sin darle alce hasta Matanzas, donde están las prendas de usted.