Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos se fueron en seguida alrededor del fogón, donde los esperaba el mate, y la conversación se hizo general, pasándose la mañana entretenidÃsimos con los cuentos y chistes del amigo Julián, que era un paisano graciosÃsimo y muy amigo de emplear en la conversación refranes y compadradas.
Por fin llegó la hora de la siesta, que tomó a los paisanos churrasqueando y festejando los interminables cuentos del amigo Julián, que se seguÃan con profusión.
El sueño fue apoderándose poco a poco de ellos, que se fueron quedando dormidos como los gatos, enrollados al suave colorcito del fogón a medio prender.
A eso de las tres de la tarde todo el mundo estuvo en pie y empezó de nuevo el mate, aumentándose la reunión con algunos amigos que cayeron a la novedad, entre los que habÃa algunos que conocÃan a Moreira, a quien saludaron con un afecto mezclado al invencible respeto que hacÃa nacer en ellos las mentas de Moreira.
A la caÃda de la tarde, como habÃa prometido, el amigo Julián ensilló, puso el maneador al fiador del caballo que debÃa llevar de tiro y se despidió de sus amigos, tomando el camino al gran galope.
ParecÃa un chasque de importancia, tal era la presteza con que marchaba.