Juan Moreira
Juan Moreira —Algunas personas —continuó el mensajero de este contratiempo para los planes de Moreira— se han acercado al juez de paz diciéndole que su empresa es temeraria y que no se meta con el bandido para evitar alguna desgracia personal. Pero el juez ha respondido que por lo mismo que la cosa es difÃcil la ha de tentar y ha de prender a usted, a pesar de su astucia y su valor, y para asegurar el golpe ha mandado a ño Rosendo a Navarro, según dijo el capitán, a pedir cuatro soldados más para reforzar la partida de plaza, que estaba muy dispuesta a la campaña.
Tanto Santiago como Marta quedaron anonadados ante esta noticia.
Moreira, entretanto, sonreÃa lleno de orgullo y soberbia al ver todas las precauciones que tomaba la justicia para salirle al encuentro.
—Habrá titeo —dijo el paisano alegremente, como si no se tratara de él—; pero me parece que este juez de paz, como los otros, no va a reÃr muy largo.
—Váyase, amigo Moreira —dijo Santiago lleno de zozobra—; todavÃa tiene tiempo de ponerse en salvo y esto lo puede hacer sin mengua ni agravio de usted.
—He jurado no huir nunca ante nadie —repuso soberbiamente el paisano— y mucho menos ante una partida de plaza que asegura me va a prender.