Juan Moreira

Juan Moreira

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Moreira, entre tanto, volvía a cargar sus trabucos, operación que hacía con gran rapidez, pues llevaba los cartuchos hechos y no tenía más que colocarlos en la boca de los trabucos, donde los hacía calzar dando un golpe con las culatas en las encabezadas de plata del lomillo; de modo que, cuando el capitán animó con la palabra a los cinco hombres que le quedaban y los hizo cargar sobre Moreira, éste estaba con sus dos trabucos armados, espiando la oportunidad del disparo.

Cuatro de los soldados cargaron al frente, mientras el quinto remoloneaba, haciéndose el que no podía avanzar el caballo, y el terrible estampido de los trabucos de Moreira se dejó sentir por segunda vez, sembrando la muerte y el espanto entre los enemigos, que esta vez abandonaron por completo el campo, heridos unos y en dispersión los otros.

El capitán no se pudo conformar con aquel resultado: trémulo de vergüenza, cargó sobre el gaucho, que reía estruendosamente de la partida dispersa.

Ya había Moreira vuelto a colocar en su cintura los dos trabucos, y miraba a aquel joven con una mezcla de compasión y de burla.

Cuando éste lo cargó, dispuesto a morir, pues no tenía otra esperanza, Moreira hizo dar al caballo un salto para ponerse fuera de alcance y dijo al joven:


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