Juan Moreira
Juan Moreira —No quiero, mocito —replicaba el gaucho—. Usted le hace falta a la familia y no hay necesidad de que yo lo carnee por un disgusto tan al ñudo.
Aquella escena no podÃa prolongarse más, Moreira estaba ya fatigado y podÃa venir algún refuerzo inesperado que pudiera hacerle perder todas las ventajas que habÃa obtenido.
Asà lo comprendió el gaucho y determinó concluir aquel combate desigual, sin hacer daño alguno a aquel joven que habÃa cumplido su deber tan lindamente.
Ofreció de nuevo, como cebo, su pecho descubierto, y el joven se precipitó a él, con increÃble brÃo, tirándole una estocada de muerte.
El gaucho, que habÃa adelantado intencionalmente el pie izquierdo, paró el golpe hábilmente, y con una precisión matemática echó al joven una zancadilla que lo hizo caer al suelo de espaldas, quedando completamente a merced de su adversario.
Moreira se precipitó sobre él rápidamente y le arrebató el sable.
Los paisanos que habÃan presenciado la lucha volvieron el rostro, pálidos y conmovidos, pensando que el gaucho iba a hacer lo que se estila en estos casos: degollar a su adversario, pues estaban muy lejos de apreciar aquel espÃritu caballeresco hasta la exageración.