Juan Moreira
Juan Moreira QuerÃa emprender la seducción de Vicenta, y no podÃa mirar con tranquilidad aquellos amores; primero, porque ellos desbarataban sus planes, y segundo, porque Moreira era un paisano sagaz, con quien no se podÃa jugar sucio.
El teniente alcalde empezó entonces a fraguar la trama eterna que da por resultado la frontera y los grillos para el que se persigue con cualquier pretexto, aunque la trama iba esta vez a hacerse difÃcil, pues se estrellaba en un hombre intachable por su conducta.
Moreira no malició la perfidia que le reservaba el teniente alcalde; tranquilo y servidor como siempre, siguió en sus bailes y en sus amores con Vicenta, amores ya aceptados por el padre.
Fue en estos dÃas que Moreira facilitó al almacenero Sardetti la suma de diez mil pesos que éste le pidió para hacer una compra de frutos del paÃs, préstamo que fue hecho sin recibo ni documento alguno y completamente a la buena fe de ambos.
Moreira se habÃa decidido por fin a hablar y habÃa concertado su casamiento para un mes después.
Fue aquella una fiesta memorable, en la que hubo licor de rosa y tortas fritas, en que se bailó hasta destabarse y se tocó la guitarra hasta «sol alto».