Juan Moreira
Juan Moreira Y fue también en esa noche que tuvo lugar el primer acto de hostilidad del teniente alcalde, que no concurrió al baile y al otro dÃa mandó a sacar a Moreira una multa de quinientos pesos por haber dado baile público «sin permiso de la autoridad».
Moreira, a pesar de la opinión de su suegro, preocupado por su reciente felicidad, pagó la multa, diciendo que, sin duda alguna, aquélla era el remojo que cobraba el amigo don Francisco.
Pero las multas empezaron a repetirse con frecuencia, lo que empezó a alarmar al pacÃfico vecindario que comprendÃa la injusticia de ellas.
Un dÃa Moreira era citado a casa del teniente alcalde, porque se habÃa encontrado un animal de su propiedad haciendo daño en los sembrados y era preciso abonar la multa, que el paisano pagaba humildemente, aunque sin ninguna voluntad y protestando de la injusticia.
Otro dÃa era una multa por no haberse presentado a un supuesto llamado de la autoridad, y otro, en fin, por haber molestado al vecindario a deshora con su acto.
Estas multas empezaron a agriar poco a poco a Moreira, hasta que un dÃa se presentó en casa del amigo Francisco, decidido a saber el porqué de esta persecución.