Juan Moreira
Juan Moreira —No gaste en vano saliva, amigo —dijo Moreira recibiendo el mate de mano de Marta—. Yo espero aquà al amigo Julián, aunque venga una tormenta con truenos y refucilos y tras de ella todos los diablos vestidos de milicos; esto, se entiende, si no lo comprometo.
Y albergado en aquel rancho amigo, tomó sus disposiciones para esperar la vuelta del amigo Julián, preparándose de manera que no pudieran sorprenderlo, si es que acaso intentaban venirse por el vuelto.
Entretanto, en el pueblo no se hablaba de otra cosa que de aquel combate asombroso, en que Moreira habÃa vencido a una partida reforzada, perdonando la vida al capitán.