Juan Moreira
Juan Moreira Los paisanos se separaron y Julián y Moreira se miraron a la cara.
En los párpados de Julián se vio temblar una lágrima.
Los labios de Moreira tomaron esa expresión propia del gemido.
Moreira bajó la vista y dejó desplomar la cabeza sobre el pecho. En la cara de Julián habÃa visto una expresión lúgubre que lo habÃa desalentado por completo.
Julián estrechó la mano al gaucho, como queriendo infundirle ánimo con su presión cariñosa, mientras le decÃa:
—¡Qué canejo! Todo tiene remedio, menos la muerte.
Moreira se dejó caer sobre la manta completamente desalentado y se abismó en el infierno de su pensamiento, que abultaba fantásticamente la desgracia que suponÃa haber sucedido.
Julián se sentó a su lado, mudo y sombrÃo, esperando que Moreira saliera de aquel letargo en que habÃa caÃdo su espÃritu, postrando aquel corazón de bronce.
Por fin aquel hombre alzó el semblante, descubrió la varonil cabeza, como si buscara calmar su ardor con el fresco de la brisa y dijo al amigo Julián, que lo miraba silencioso: