Juan Moreira
Juan Moreira Sin embargo volvió a rechazar a aquel hombre con el ademán altivo y el rostro enrojecido por la vergüenza.
Aquel dÃa vagó por los campos y las cercanas casas pidiendo una limosna, pero fue rechazada como leprosa y tuvo que regresar a su rancho con la muerte en el corazón.
Un relámpago vino esa tarde a iluminar con sus pálidos destellos la negra noche de su alma, abriéndole un nuevo horizonte de risueñas esperanzas.
El compadre Giménez, que habÃa tenido que salir del partido para hacer unas tropas, regresó esa noche y vino a casa de Vicenta como el ángel de la salvación.
Pero aquel hombre fue aún más miserable que el teniente alcalde, pues aprovechó el poco camino que éste habÃa andado en el corazón de aquella desventurada.
Giménez dijo que aquel hombre habÃa tenido razón, que era necesario salvar a su hijo y que para esto no tenÃa otro recurso que aceptar las proposiciones de un hombre bueno que trabajase para darles de comer y vestirlos.
—De todos modos Moreira ha muerto —concluyó aquel hombre—; y a nadie puedes ofender con tu proceder.