Juan Moreira
Juan Moreira Vicenta oÃa todo aquello como una máquina; estaba bajo la horrible presión del delirio del hambre y su cabeza débil habÃa empezado a vacilar, perdiendo terreno en ella la razón.
OÃa a Giménez, y sus palabras eran para ella una especie de ruido, porque aunque comprendÃa su significado, no podÃa valorar los hechos que ellas establecÃan.
Giménez insistió, la pintó a ella muerta de desesperación y de dolor, después de haber visto morir en sus brazos a su hijito hambriento, y aquella infeliz no pudo resistir más y cayó sin saber lo que hacÃa, cayó como una máquina de carne, pues aquel hecho para ella sólo importaba la salvación de su hijito.
Giménez se instaló allà como en su casa y Andrea y Juancito tuvieron esa noche qué comer, comida que devoraron en un segundo, casi sin mascar.
Vicenta llenó esta imperiosa necesidad de la vida, la alimentación, cuya falta llega a igualar los seres humanos con las bestias, y cayó en un profundo letargo.
«Era la primera vez que aquella desventurada se entregaba al descanso sin la idea de que al despertar hallase a su hijo muerto». Al llegar a esta parte del relato, Moreira ofrecÃa un aspecto espantoso.