Juan Moreira
Juan Moreira —Desde aquella noche nada faltó en casa de Andrea. Juancito empezó a reponerse y la mujer se fue poco a poco habituando a aquella situación desesperante.
De cuando en cuando preguntaba al compadre Giménez por la tumba de su Moreira, para ir a rezar sobre su borde y Giménez le prometÃa siempre averiguarla.
Aquel hombre no dejaba carecer de nada a Vicenta, que iba acostumbrándose poco a poco a aquel ser a quien apreciaba por el cariño especial que aparentaba tener por su hijo.
Un dÃa tuvo Giménez que bajar a Buenos Aires para hacer entrega de una tropa de hacienda que habÃa vendido, y dejó a Andrea el dinero necesario para que no le faltara nada durante su ausencia.
«HacÃan una vida tranquila, con gran asombro del vecindario, que veÃa en la acción de Giménez un reto a la justicia, que habÃa prohibido, bajo pena de caer en desgracia, que se tendiese la mano a la mujer del bandido Moreira, asesino aleve».
—No lo he sido, pero lo seré —dijo Moreira sentenciosamente—. A esa gente la he de matar por la espalda y si puedo he de tratar de agarrarla durmiendo.
Julián calló un momento y a indicación del paisano siguió asÃ: