Juan Moreira
Juan Moreira —Giménez salió de madrugada con su tropa de novillos y Vicenta quedó sola en aquel rancho, donde se habÃan deslizado las horas más felices de la vida, en compañÃa de su padre, de su hermoso y amante Juan, muerto de una manera tan trágica, según se lo corroboró el compadre Giménez.
El teniente alcalde, que esperaba esta ocasión para vengarse de los desdenes de Andrea, se presentó esa noche en el rancho, en momentos en que aquellos desventurados estaban cenando.
Aquel hombre volvió a la carga con sus impertinentes pretensiones y, como siempre, fue rechazado esta vez, pero más enérgicamente que las anteriores.
—Si quiere venir a mi casa —le dijo Andrea— olvÃdese de esas cosas; ya tiene pan mi hijo y no tengo por qué sufrir nuevas humillaciones de nadie.
—¡Qué! ¿Crees que porque te protege Giménez estás fuera de la acción de la justicia? —replicó el teniente alcalde—. No seas tonta, que te conviene estar bien conmigo.
—Dejemos esa cuestión, amigo —concluyó Vicenta—; lo que usted pretende no puede ser y yo nada tengo que ver con la justicia, porque no he faltado a nadie, gracias a Dios.
Aquel hombre se irritó de una manera brutal, amenazó a Vicenta quitarle su hijo porque andaba en la mala vida, y prenderla a ella misma.