Juan Moreira
Juan Moreira Este hombre se habÃa empeñado por la paisanita que, con la buena vida, habÃa empezado a recuperar su antigua hermosura.
A un justicia, según la teorÃa y la práctica, no se le debÃa resistir nada, y la resistencia de Vicenta lo habÃa empeñado más, interesando su amor propio de hombre y de justicia.
«Insistió; quiso vencer la resistencia que se le opuso y aquel hombre fue cobarde hasta el extremo de golpear a aquella mujer desvalida, amenazando golpear a su hijo». Moreira escuchaba a Julián sin hacer el menor movimiento ni pronunciar una palabra; parecÃa estar bajo la presión de una melancolÃa profunda.
Cuando Julián llegó a esta parte de su relato, sus labios se agitaron con un movimiento convulso, pero no se le oyó la menor palabra, la menor sÃlaba.
—El hombre —prosiguió Julián—, después de golpear a Vicenta se retiró diciendo que volverÃa a la noche siguiente, y que habÃa de lograr su empeño o lo habÃa de llevar el diablo.
Vicenta pasó una noche desesperante: estaba sola en el mundo, ya no existÃa Moreira para defenderla y sabe Dios cuándo volverÃa Giménez.