Juan Moreira

Juan Moreira

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El compadre Giménez se puso más pálido que un difunto: no sabía qué viento me llevaba allí y se sospechaba que yo pudiera ir por encargo suyo.

Andrea se fue a cebar un mate, y el hombre, muerto de miedo, me preguntó por usted, me contó la cosa a su manera, y me pidió no dijese a la Vicenta que usted vivía, porque podía morir de susto, creyendo que usted la fuese a matar por lo que había hecho, engañada con su muerte.

Yo me iba calentando poco a poco, y mi mano se iba recostando a la cintura, sin quererlo; pero pensé que yo no podía matar a aquel hombre, porque eso le correspondía a usted, y no quería además quitar ese apoyo a la Andrea, a quien no podía traer conmigo sin que usted lo dispusiese.

—Usted es un puerco —dije al compadre Giménez—, y si yo no lo mato ahora, es porque Juan no se enoje, porque esto le corresponde a él; pero algo tengo yo que hacer para probarle que usted es un chancho, y que lo que ha hecho no tiene perdón; y me fui al humo con el rebenque.

El hombre relampagueó los ojos y quiso madrugarme sacando el cuchillo, pero yo me lo dormí en la cabeza y lo azoncé a la fija de un talerazo; en seguida me lo dormí con la lonja, como quien castiga a un redomón chúcaro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker