Juan Moreira

Juan Moreira

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Aquel aparato inquisitorial está colocado siempre a campo y bajo un árbol, que es la única protección que el paciente tiene contra los soles y las heladas y adonde es puesto del pescuezo, de las piernas o de donde se le ocurre al teniente alcalde que manda ejecutar el martirio.

Allí fue puesto Moreira de las piernas y allí permaneció cuarenta y ocho horas sin que se le oyera la menor protesta contra aquel proceder arbitrario, mansedumbre que irritó al amigo Francisco, hasta el extremo de mandar echar de allí a Vicenta, que vino a pasar la noche al lado de su marido.

Igual proceder se mandó observar con el suegro y los numerosos amigos que fueron a visitar al preso, única protesta muda que les era permitida de aquella acción cobarde.

Cuando Moreira fue puesto en libertad, se dirigió a su rancho, donde ensilló su caballo, y se fue a casa de su compadre Giménez, padrino de su casamiento, a quien relató lo que sucedía y pidió consejo, pues no quería desgraciarse por aquel hombre que tan sin motivo se había puesto a perseguirlo.



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