Juan Moreira
Juan Moreira Giménez aconsejó a Moreira se fuese al Juzgado de Paz y contase lo que sucedÃa, pidiendo se evitase que aquel hombre siguiera cometiendo estos abusos. Pero a Moreira se habÃa anticipado el amigo Francisco, imponiendo al juez de que aquel diablo habÃa empezado a echarse a perder y que habÃa tenido que ponerlo en el cepo porque habÃa llevado su insolencia hasta amenazarlo.
El gaucho invocó sus derechos ¿pero qué gaucho tiene derechos? Invocó la justicia, palabra hueca para él, y no fue escuchado; ofreció acreditar su conducta con los vecinos de su cuartel, y fue expulsado del juzgado con la amenaza de que si no se corregÃa serÃa enviado a la frontera con el primer contingente.
El gaucho salió del juzgado con la primera semilla de venganza en el corazón, y convencido de que para él no habÃa más derecho que el que le proporcionara el filo de su puñal, ni más justicia que la que él mismo se hiciera.
Regresó a su rancho, sombrÃo y con la frente oscurecida por la resolución inquebrantable que habÃa adoptado.
Los paisanos estaban asombrados de la mansedumbre de Moreira, llegando alguno de ellos a decirle que no fuera tonto, que no soportara las porquerÃas del amigo Francisco callado la boca, pues entonces aquél lo agarrarÃa como hijo.