Juan Moreira
Juan Moreira Simón Coliqueo ocupó un sitio frente a Moreira y pidió le echara las cartas, poniendo la plata sobre las caronas.
Moreira dijo que primero iba a dar de comer a su caballo y a su perro; pero su salida tenía otro objeto muy diverso, que escapó a la sagacidad de los indios.
Salió afuera, donde estaban los caballos, pero en vez de dar de comer al overo le apretó la cincha y le acomodó el freno, dejándolo listo para un apuro.
El paisano compendió que aquella jugada no podía terminar sin una borrasca estruendoso y se preparaba hábilmente la retirada, porque de todos modos su posición era peligrosa, por no estar dispuesto a entregar el caballo si perdía y porque, si ganaba, tal vez entonces los indios quisieran, por medio de un audaz golpe de mano, recuperar todo lo que les había ganado.
Moreira volvió a entrar al toldo, no sin asegurarse antes de que sus armas estaban en su sitio, al inmediato alcance de su mano.
El paisano peinó la grasienta baraja y echó cartas, que fueron una sota y un caballo, donde se clavaron ávidos los ojos de Coliqueo.
Los indios rodearon por completo a Moreira, abarcando cartas, corona y jugadores en una mirada de suprema avaricia.