Juan Moreira
Juan Moreira ParecÃa que en la jugada fuese el alma de cada uno de aquellos jugadores, muchos de los cuales habÃan perdido sus miserables prendas.
Moreira miró la puerta del toldo, que tenÃa detrás, y como viera que entre ésta y su espalda habÃa algunos indios que podÃan dificultar la huida, les rogó cortésmente pasaran adelante, pues le impedÃan tallar con comodidad.
Coliqueo estuvo largo rato mirando aquellas dos cartas, sin decidirse por alguna de ellas.
Por fin su fisonomÃa tomó su expresión caracterÃstica del avaro que mira una mina de oro susceptible de pasar a su poder, y golpeando sobre la carona dijo:
—A esta carta jugando, hermano; con caballo ganando caballo.
Moreira dio vuelta al naipe tranquilamente mostrando la boca, en la que aparecÃa un rey, a cuya vista los indios se estremecieron como al contacto de una pila eléctrica.
El paisano empezó a correr las cartas con esa indolencia del gaucho que orejea la baraja, para que sea más saboreada la emoción de la jugada.
De cuando en cuando volvÃa la baraja haciéndose el que reposaba, o armando un cigarrillo que ponÃa indolentemente entre sus labios.