Juan Moreira
Juan Moreira Al ver la serenidad con que manejaba los naipes y la fruición con que apuraba la paciencia del adversario, nadie hubiera sospechado de que aquel hombre jugaba una partida que debÃa serle fatal, ganase o perdiese, y a cuyas consecuencias se habÃa preparado con toda astucia, calculando precisamente la manera con que habÃa de salir felizmente del apuro.
Coliqueo miraba los naipes con la pupila dilatada por la ansiedad, parecÃa que querÃa atraer con la mirada el caballo que iba a decidir la jugada en su favor.
A pesar de haber en aquella pieza más de quince hombres, era tal el silencio que éstos guardaban que se podÃa percibir claramente el ruido que producÃa la carta al ser corrida sobre el resto del naipe mezclado al precipitado latir del corazón del indio, que estaba dispuesto a ganar el caballo a toda costa.
Por fin Moreira tiró una carta y apareció debajo la ganadora, arrancando un grito de la garganta de aquellos hombres, grito que era una mezcla de ira y de amenaza.
La carta que habÃa aparecido decidiendo la jugada era una sota, que venÃa a quitar a Coliqueo toda esperanza, pues con ella perdÃa el rollo de dinero que jugó contra el caballo.
—Vos haciendo trampa —dijo el indio enfurecido—, ¡entregando caballo porque yo ganando! Y el coro de indios repitió de una manera amenazadora: