Juan Moreira
Juan Moreira —¡Haciendo trampa cristiano!
—Yo no he hecho trampa —replicó Moreira, retrocediendo un paso hacia la puerta para estar más próximo a su caballo y prevenido contra el ataque que le traerÃan los indios, fuera de toda duda—. ¡Yo no he hecho trampa —repitió—, y si he ganado es porque tengo suerte y porque sé jugar mejor que ustedes!
—Vos haciendo trampa, cristiano ladrón —aulló el indio, creciendo en ira—, y yo ganando caballo con prendas de plata —concluyó, levantándose de sobre la carona y avanzando seguido de sus indios, amenazador y colérico, hacia Moreira, que dio dos pasos en dirección a la puerta envolviendo la manta en su brazo izquierdo.
—Vamos por partes —replicó alegremente el gaucho, a quien la vista del peligro real devolvÃa su aplomo y buen humor—. El caballo es mÃo, porque mi overo no ha nacido para la silla de ningún indio ladrón.
—¡Muera cristiano falso! —gritó el indio y se precipitó sobre Moreira, desatando las bolas que llevaba en la cintura, formidable arma en manos de un indio.
Antes que el indio pudiese hacer uso de aquella terrible arma cuyo golpe a la cabeza es siempre mortal, el gaucho habÃa sacado su daga haciéndole su tiro favorito, que era un hachazo en el entrecejo, que Moreira llamaba pintorescamente un hachazo entre las aspas.