Juan Moreira
Juan Moreira Y rápido como el rayo, el paisano salió al patio y subió sobre su caballo que, al sentir sus flancos oprimidos por la rodaja de la espuela, dio un poderoso salto.
Los indios cayeron a una sobre Moreira, pero sólo hallaron el vacÃo, sintiendo la prolongada risa con que el audaz gaucho se despedÃa de los toldos.
Todos saltaron a caballo; todos quisieron seguir al gaucho que les habÃa sacado ya una enorme distancia, pero quedaron allà como atontados, sin saber qué hacer.
Coliqueo enjugaba la sangre que salÃa abundante de su herida, prorrumpiendo en un sinnúmero de maldiciones a cual más enérgica y terrible.
Los indios habÃan vuelto a rodearlo y no se atrevÃan a pronunciar una palabra que pudiera aumentar la ira del feroz cacique, que se retorcÃa desesperadamente.
Por fin, uno de los capitanejos de aspecto más varonil se acercó al cacique herido y le dijo:
—Yo persiguiendo con tres lanzas y caballo de tiro.