Juan Moreira
Juan Moreira Al cabo de media hora de descanso, el paisano volvió a montar y siguió su camino al tranquito, arreando siempre la tropilla; pero apenas andaría unas dos cuadras cuando un gruñido amenazador del cuzco le avisó la proximidad de gente enemiga, que no podía ser otra que indios de los toldos que había abandonado.
Moreira se empinó sobre los estribos para divisar el campo y vio efectivamente que por su retaguardia venían a media rienda cinco indios, que conoció en las largas lanzas que traían a la rastra, enganchadas en una correa en la mano del rebenque.
Moreira echó pie a tierra tranquilamente, rodeó de nuevo la tropilla y se alejó para que ésta se ausentara lo menos posible, dejando llegar a los indios, quienes al ver que el gaucho les esperaba, pararon las lanzas en señal de guerra y apuraron la marcha de los caballos en dirección al tranquilo paisano.
Los indios cuando están en superioridad numérica son muy audaces y pelean duramente, y aquella partida se les presentaba con gran facilidad: uno contra cinco.
Moreira había sacado sus dos trabucos, que amartilló bajo el poncho, y esperó la llegada de los indios que venían ya con la lanza en ristre.
Cuando calculó que el golpe era seguro, pues sólo lo separaban unos cinco pasos de los indios, sacó la mano de debajo del poncho y disparó sus trabucos.